
Un ciudadano de Zaragoza ha enviado a las secciones de Cartas de los periódicos aragoneses un interesante comentario que quiero reproducir en esencia aquí.
Se trata de la desaparición, por desidia y abandono, de la escultura del Centauro Quirón del Parque Primo de Rivera (D. Miguel). Como expone en su carta D. Rafael Castillejo, allí estaba situada la representación de este significado personaje de la mitología griega, sabio, inteligente y de buen carácter, que fue gran educador en moral, música y otras artes, así como en medicina y cirugía. Y tutor de héroes como Aquiles o Jasón, dos caracteres universales legados por los helenos a la Humanidad.
Se dejó deteriorar la estatua que, además de fines estéticos, daba pié a explicaciones pedagógicas sobre su personalidad y función en la sociedad. Primero fueron las pintadas. Luego mutilaciones de la escultura. Finalmente, su desaparición.
No andamos sobrados en Zaragoza de decoración escultórica. Esto no debería volver a suceder, y menos aún con obras de calidad artística y simbología cultural muy notables.
Espectacular actuación, incluso mejor que otras similares anteriores, en el Auditorio de Zaragoza. Fue el domingo 16 de diciembre, exclusivamente, y llenaron la sala totalmente.
Calidad, buen gusto, voces extraordinarias y muy bien empleadas, coordinación perfecta en los bailes, vestuarios preciosos, una orquesta espléndida. Una delicia para todos los públicos. La prueba: había niños, que contemplaron el espectáculo sin pestañear, y eso que duró más de dos horas. Que se hicieron cortas.
Detalles culturales de altura. Una interpretación de “Granada”, en español, fue el primero. El segundo, al que muchos fuimos especialmente sensibles, se produjo cuando, con las banderas rusa y española sobre el escenario, se lanzaron a cantar “¡Y Viva España!”, pidiendo que la corease el público. Y resultó emocionante ver cómo, si bien al principio algunas personas (pocas) no se sumaban al coro por esa tontería de no querer identificarse con nuestros símbolos nacionales (seculares, no de “época de Franco” sino de mucho antes), al final todo el público, todo, coreó con entusiasmo la canción.
Gracias por todo, y muy especialmente por conseguir unirnos a todos en una entrañable canción, al Conjunto de San Petersburgo.