Texto de la entrevista publicada en La Lupa, revista de información sindical de FETICO ARAGÓN Y RIOJA, en el nº 4, septiembre de 2008, páginas 14 y 15.
Las ciudades europeas (y otras del entorno mediterráneo o de allende el Atlántico) se han dado cuenta que, al margen de la organización política nacional o supranacional a la que pertenecen, una parte muy importante de su futuro económico y, más concretamente, comercial, depende de lo que ellas hagan por sí mismas. Se acabó el “que me traigan y que me hagan”. La prosperidad debe cimentarse en el esfuerzo propio, y no fiar a que funcione la eterna queja o a que otros nos solucionen la vida.
Ya en 2002 recuerdo que me explicaban en Estambul cómo la ciudad turco-europea se disputaba con Barcelona ser la sede de congresos internacionales de interés. Pero, ¿qué ofrecer para atraer el público a nuestra ciudad? En esto hay que tener cuidado, o podemos acabar ofreciendo lo mismo que otras capitales, pero partiendo de cero mientras éstas nos llevan años de adelanto.
¿Tenemos buenas comunicaciones? Sí y no. El aeropuerto es manifiestamente mejorable, si comparamos con otros de ciudades de igual o, incluso, menor entidad. De comunicaciones por carretera vamos mejorando, pero el AVE, como avisamos muchos en su momento, es un arma de doble filo: sirve para llegar antes a Zaragoza, o para hacer viajes más rápidos que hacen innecesario parar en la ciudad, siquiera a pernoctar. Por no hablar del bloqueo que sufre la capital aragonesa los fines de semana por parte del tren de alta velocidad, que no permite salir ni entrar en ella por este medio.
O sea, que lo importante es decirle al mundo porqué tiene que venir a Zaragoza. Y permanecer aquí unos días y, en consecuencia, adquirir bienes y servicios en nuestra Ciudad. A mi entender, hay una serie de líneas estratégicas que pueden favorecer esto, que además se interrelacionan y refuerzan entre sí.
Empecemos por la oferta cultural y de ocio. No, no tenemos equipamientos para ofrecer grandes eventos donde dar cabida a decenas de miles de espectadores en condiciones. Eso es lo primero. Pero no lo único. ¿Cómo es posible que el Bicentenario de los Sitios de Zaragoza vaya a quedar en alguna conferencia, alguna exposición, y alguna recreación histórica? Ni siquiera tenemos un Museo de los Sitios de Zaragoza.
El Patrimonio Histórico es, en muchas ciudades, un elemento de atracción que, incluso, se integra en entornos de ocio y esparcimiento: así en Toledo, en Tarragona, en Lérida, etc. Pero en Zaragoza, hasta hace bien poco, muchos cerebros locales decían que, para eso, ya estaba la Basílica del Pilar. Que es una parte de ello, pero no está para eso ni sirve como elemento único para atraer visitas masivas. No es el Taj Mahal. Así que, tras desaparecer buena parte del Patrimonio de la ciudad (como el templo romano que “se desvaneció” en una noche bajo la actual Plaza del Pilar), tampoco se explota el que queda. Como es el riquísimo conjunto arqueológico de conventos e industrias artesanales descubierto en el Balcón de San Lázaro, en el que puede constatarse nuestro pasado romano, medieval, renacentista, la Guerra de la Independencia, etc.
De eventos de carácter especializado, especialmente congresuales, vamos mejor, y la oferta hotelera de la post-Expo crea una magnífica infraestructura. Que debe completarse con la oferta de innovación: ultimísimas tecnologías y soporte a las actividades extracongresuales (cultura, diversión de calidad, contando con el Área Metropolitana, no sólo con la Ciudad). Zaragoza, para diferenciarse más de la competencia, debe dejar de soñar con Millas Digitales para ser una Ciudad Digital. Pero humana, acogedora, cálida. Puede parecer complicado, pero no hay reto fácil.
No entraré en Gran Scala. Ni en el aforo que deberá tener el nuevo estadio de fútbol que se construirá en San José. Pero sí quiero terminar diciendo que hay que arriesgar en la apuesta por el futuro. La sociedad zaragozana debe aficionarse a la modernidad, no sólo adoptarla, sino abanderarla. Y para ello, espero que no suceda en adelante lo que oí recientemente a uno de nuestros más importantes artistas y creadores: que, cuando se plantea a instituciones aragonesas proyectos de vanguardia, dudan y acaban por no acometerse. Decía este artista que, cuando esto le sucede, se resigna y piensa: “claro, es que son de aquí”. Él es de aquí, yo también, y los que estamos por pisar el acelerador en un mundo muy veloz también están entre nosotros. Globalización no significa desastre, significa estar al día y ofrecer más y mejor que otros. Y que esto se vea reflejado en el comercio, la industria, los servicios y los salarios.
Manuel Medrano Marqués
Concejal del Ayuntamiento de Zaragoza (Partido Popular)
Presidente del Distrito Universidad
Profesor de la Universidad de Zaragoza