La mejor prueba de que el Partido Popular de Zaragoza está a favor del desarrollo e implantación de las nuevas tecnologías está en nuestro programa electoral y en nuestra práctica política y personal. E, igualmente, todo ello demuestra nuestro enorme interés por romper la brecha digital que existe entre sectores de la población, y que hoy día sigue existiendo de forma palpable. Pero está radicalmente en contra de la extensión de las nuevas tecnologías el hecho de plantear proyectos que no se es capaz de gestionar, cuyo éxito queda muy en entredicho y que benefician mucho menos a los ciudadanos que otras decisiones de gobierno sencillas. Y eso es lo que hace el alcalde Belloch.
Cuando menos de un tercio de los Centros Cívicos de Zaragoza disponen de acceso inalámbrico a internet (Wi-Fi) para que los zaragozanos puedan conectarse desde allí, la Milla Digital sigue intentando venderse a base de promesas, de utilizar ridículamente muchas palabras en inglés (perfectamente traducibles) y de abusar hasta el hastío de la palabra “innovador” y sus derivados. El alcalde Belloch, tras cuatro años que llevamos, primero con una Concejalía de Ciencia y Tecnología y luego con una Dirección General de Ciencia y Tecnología, no puede presentar absolutamente nada, salvo gastos, sin duda, y la prueba del fracaso está en la propia web de la Milla, donde se ve lo que se vendía como futuro y no fue ni será.
Se supone que la Milla Digital era un proyecto urbanístico-tecnológico innovador. Que su desarrollo beneficiaría a las viviendas, empresas y equipamientos de la zona Barrio del AVE-El Portillo. Que generaría empleo para unos 4000 ó 5000 ingenieros de telecomunicaciones e informáticos. Que habría luces inteligentes en calles y edificios, fachadas con pantallas de visualización digital, toldos digitales programables, pantallas sensibles de agua y pavimentos con memoria que señalan las pisadas de los viandantes. Y 60 km. de fibra óptica para conexiones de alta velocidad que atraerían empresas, y una Mediateca (o Millateca) y un Centro de Arte y Tecnología. Y otras muchas cosas. Pero las sospechas vienen ya de la lectura de textos como el que hace referencia a un teórico Campus Milla Digital, del que se dice: “Es un campus ciudadano, abierto a todos, con propuestas para todos, una nueva experiencia urbana y cultural. Al mismo tiempo, este concepto remite a la idea subyacente de que los distintos equipamientos públicos de la zona forman parte de una red con algunos elementos comunes en materia de objetivos, gestión o actividades”. O es el Cielo en la Tierra o un texto esotérico. Pero de este cariz hay bastantes más.
Y no sólo se proyectó construir 4000 viviendas con domótica, sino que se pretendía captar sedes de empresas nacionales y extranjeras y ser la Milla Digital un referente para la proyección internacional, mundial, de Zaragoza. Y todo ello, asegurando que la disponibilidad de los primeros espacios e implantación de los sistemas digitales estaría en junio de 2008.
Acercándonos a la hora de la verdad, la información sobre la realidad actual de todo esto nos llega del propio Ricardo Cavero, ahora Director General y antes Concejal de Ciencia y Tecnología. Cubriéndose bajo el paraguas del MIT (Massachusetts Institute of Technology), la Universidad de Zaragoza, la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento (¿qué ha hecho de positivo esta entidad?) y el Comité de Expertos del Ayuntamiento de Zaragoza, nos dice en sus recientes conferencias que, de lo previsto, después de cuatro años, prácticamente nada. Que la implantación de todas estas nuevas tecnologías ya no atraerá empresas por sí misma, aunque será condición indispensable (pero no determinante). Que los proyectos básicos de la Millateca y del Centro de Arte y Tecnología están adjudicados, pero sólo eso. Que se logrará con la Milla Digital unir el mundo real con el virtual (el que paga impuestos es el real, claro). Que quien tenga una PDA con Wi-Fi podrá disfrutar durante la Expo de guías virtuales (al coste de su proveedor de conexión, por supuesto). Que el proyecto de “parada de autobús digital” está en fase de prototipo. Que el “bosque sonoro”, consistente en unos pilotes con sensores que emiten luces y sonidos al pasar la gente, se hará en la Expo, pero que aún no está desarrollado. De la Millateca, con uso futuro sin definir, nos dicen que será un semillero de empresas, espacio de inversión, de promoción de productos y servicios, con espacios para el ocio, etc.
Lo que sí dicen claramente que estará para la Expo es la “cortina de agua digital”, con chorros de agua y colores controlados digitalmente.
Primero, hay que decir que todo esto tiene un coste, y elevado: una concejalía primero, una dirección general después, la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento, comités de expertos, viajes, informes, etc. Segundo, que de innovación, nada. Espacios con tecnologías como el de la Milla Digital hay en California, por ejemplo, y en otros lugares del mundo. Y si nos atenemos a lo que ahora ofrece este macroproyecto fallido como primeros resultados, tampoco hay gran originalidad. Ahí tenemos, por ejemplo, la obra que se expuso en 2006 en el The Aldrich Contemporary Art Museum llamada Sara dancing, sparkly top, del artista Julian Opie, donde una figura femenina controlada por procesadores digitales bailaba e interactuaba con el público, que fue diseñada en 2004 (ver imágenes abajo). O la Crown Fountain, en el Chicago Millennium Park, instalación interactiva compuesta por dos torres de ladrillo de vidrio y con una instalación informatizada que interpola juegos de agua con imágenes gráficas y colores, cuyo diseño original fue del artista Jaume Plensa, que casualmente prepara una escultura para la Expo.

Pero a cada cual lo suyo. La responsabilidad política de esta gestión errónea que ya dura varios años es del alcalde Belloch, que nos ha querido vender a precio de joya un cristal coloreado. Realmente, la Milla Digital no es una apuesta por las Nuevas Tecnologías, a la luz de sus resultados, y mientras tanto se ha frenado en seco el avance del acceso de la ciudadanía a contenidos en Internet desde las instalaciones municipales, algo más sencillo, más económico, más ajustado al motivo por el que se recaudan sus impuestos, y que contribuye claramente a la democracia digital.
Imágenes de The Crown Fountain: