Las Bellas Artes como objeto de asesinato y los zombis

Alterando el título del famoso libro de Thomas de Quincey, la descripción abreviada de la instantánea del panorama artístico actual podría ser ésta. Bueno, más bien, del panorama cultural general. Aunque no han logrado la muerte de las Bellas Artes gracias al empeño personal de los profesionales y aficionados, entusiastas y defensores de nuestra creación, cerca le han andado.

Dos han sido y son los peligros que acechan todavía a cada Bella Arte. Por un lado, las políticas de apesebramiento. Consisten en la generación de grupos de producción y/o gestión artística bien conectados entre sí y con el poder, el cual se retroalimenta de ellos y los utiliza como propaganda directa y/o indirecta. El poder les facilita las cosas, les inyecta financiación directa o por recomendación a otros amigos y espera, en correspondencia, coros áulicos que canten las excelencias del “promotor” que utiliza el dinero público para lanzar y mantener toda esta operación. Y que los corifeos oculten las carencias, tapen los fallos políticos y maquillen los rotos con cortinas de humo.

En el polo opuesto, los que castigan con el látigo de su indiferencia, es decir, ni oyen, ni ven, ni saben, ni atienden, ni entienden. Lo malo es cuando, además, mandan. Este es un tipo de zombi muy frecuente, más allá de ideologías políticas. De distinto palo político son los tres casos que citaré, todos de hace ya varias legislaturas. En el primero, un responsable institucional de la cultura manifestó, nada más llegar al cargo, que él estaba allí para “vulcar la cultura”. Sí, la “vulcó”, realmente. El segundo caso fue espectacular, y en él vimos a un consejero de Cultura de la DGA decir que “en Cultura nos ponen a los más tontitos”, no sabemos porqué lo dijo, pero lo dijo. El tercer caso lo viví personalmente y es también esperpéntico. No es de tema artístico pero sí cultural y lo ejemplifica todo. Cuando estábamos estudiando el Cuarto Bronce de Botorrita, un documento escrito en una placa de este metal que contiene un precioso texto en lengua celtibérica (nuestro celta peninsular), nos dirigimos por escrito al entonces consejero autonómico de Cultura para solicitar la publicación del libro donde se exponían los datos arqueológicos y resultados lingüísticos, aportando además datos etnológicos recuperados de costumbres de esa zona zaragozana que parecen tener origen en festividades celtas. Obtuvimos la callada por respuesta, chocamos frontalmente con un zombi que sólo respondía a estímulos de determinados temas y sectores empresariales, religiosos o del cacicazgo pseudocultural aragonés. Finalmente, el libro conteniendo el estudio fue publicado en la Universidad de Salamanca, dentro de una serie muy prestigiosa de trabajos sobre estos temas, en una edición muy cuidada y completa, con fotografías en color. El zombi de aquí sólo se preocupó, al enterarse, de pedirnos un ejemplar. Le dijimos que se lo comprase, pero lo donamos a una biblioteca universitaria de Zaragoza donde puede consultarse. Lo malo de este zombi es que ha continuado arrastrándose por la moqueta gobernando (o pasteleando) en otros menesteres similares, y su trayectoria incluye ya un largo reguero de despropósitos que nos han salido millonariamente caros a los ciudadanos, en euros.

Pero no, no me aparto del título. Hablemos de las Bellas Artes. Hay anécdotas que explican lo que está pasando, desde algunas menores a otras mayores. Hablando hace algunos meses con un responsable cultural de una entidad semipública (no aclaro si empresarial o bancaria), me sorprendió en grado sumo lo que se desprendía de su conversación. Esta persona, que sí tiene una notable cultura, traslucía que veía natural que los gestores institucionales y, especialmente, los relacionados con el Arte, no entendiesen nada de nada de lo que llevaban entre manos. Sólo esperaba que fueran sensibles a su ámbito de responsabilidad. Bien, le vine a decir, supongo que también verás normal que un responsable de Industria o Economía no tenga ni repajolera idea del asunto que lleva entre manos. Aquí reflexionó y se dio cuenta de la toxicidad de su pensamiento, casi inconsciente, que era una contradicción nítida y perjudicial para él y para sus colegas, y no digamos ya para los creativos. Y parece que recuperó su voluntad propia y dejó de ser zombi.

Termino con el peligro de asesinato internacional. Mi presencia en el V Congreso Iberoamericano de Cultura no ha sido intensa en las sesiones donde se debatían determinadas propuestas, así que ignoraba ciertas cuestiones que se trataron. Hace poco descubrí a dos conocidos pintores muy indignados comentando acaloradamente una idea que afloró con cierta recurrencia durante algunos debates de ese congreso y que apoyaban ciertos coleccionistas: que el Arte debe ser gratis. No me había enterado pero, a este paso, será verdad que “helArte es joderte de frío”.

Este artículo ha sido publicado en el nº 140 de la revista digital El Pollo Urbano.

Blog El Pollo Urbano 140

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Una respuesta a “Las Bellas Artes como objeto de asesinato y los zombis

  1. En esas estamos ,, todos contentos y felices ,, lo cojonudo es que nadie dice nada ,, esto es la felicidad completa

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