Encáustica: la pintura milenaria

Aunque para muchos de vosotros sea una obviedad, comenzaré explicando que “encáustica” es la pintura hecha al encausto, es decir, empleando pigmentos mezclados con cera virgen de abejas y que se aplica en caliente. La palabra deriva del latín encausticus y ésta, a su vez, del griego enkaustikós, y quiere decir “en quemado” o “en ardiente” (se puede entender “marcado a fuego”). Cuando se emplean materiales de calidad y la técnica correcta, el resultado son creaciones de gran belleza y enorme perdurabilidad.

Esta pintura se aplica, generalmente, en superficies como paneles de madera o muros, aunque también sobre otros soportes. Es un método muy versátil y que permite generar potentes texturas, puede terminarse con un pulido brillante, modelarse, combinarse con otras técnicas y seca muy rápido, aunque mediante el calor puede volverse a trabajar. La cera tiene un efecto sólido cubriente, protector y resistente al agua (es hidrofóbica) y la luz, y por ello a las degradaciones que éstas producen en la pintura, como el oscurecimiento o el amarilleo que son consecuencia de la oxidación. Las obras en encáustica, por estas cualidades, no necesitan protegerse con cristal, y sus brillantes, intensos y luminosos colores se han mantenido vivos durante siglos.

Lo que caracteriza a este procedimiento pictórico es el uso de la cera como aglutinante de los colores, mezcla a la que se solía añadir resina u otro consolidante. Los pigmentos mezclados de la encáustica se mantenían líquidos gracias a unos braseros (cauterium) y se aplicaban a pincel o, más a menudo, con una espátula caliente. Solía comenzarse grabando primero el dibujo sobre el soporte (madera, marfil, tela, etc.) con una espátula caliente y rellenando después la marca con el preparado de pintura. La pintura a la encáustica, de efectos muy cubrientes, es densa y cremosa y mantiene los colores puros y brillantes pese al transcurrir del tiempo. Los esparcimientos densos y cremosos no permiten la superposición de las tintas, y los paisajes claroscuros se resuelven juntando varias tonalidades del mismo color en franjas sutiles. Por el arquitecto e ingeniero romano Vitrubio (siglo I a.C.) sabemos cómo debe ser el acabado: “Hay que extender una capa de cera caliente sobre la pintura y a continuación hay que pulir con unos trapos de lino bien secos.”.

En cuanto a los materiales básicos para elaborar esta pintura, se necesita cera, pigmentos de colores y, en ocasiones, cola o resina. Y, como soportes e instrumentos, tablas de madera, paredes de albañilería, tela, brasero, pinceles, espátulas y trapos para sacar brillo.

Frecuentemente los autores que estudian esta materia sostienen que existió también la “cera púnica” o encáustica en frío, que consistiría en emulsionar la cera y los pigmentos con una solución alcalina, probablemente de carbonato y bicarbonato de potasio o de sodio, obtenida tradicionalmente con cenizas de madera y agua utilizando, a veces, algún aglutinante; método del que aquí no vamos a comentar más y cuya técnica y procedimiento aún generan mucha controversia.

El origen de la técnica encáustica es aún incierto. Plinio el Viejo, autor romano del siglo I d.C., en su Historia Natural (libro XXXV) nos dice que hay quienes sostienen que la inventó Arístides y que la perfeccionó Praxíteles. Sin embargo añade que hay pinturas encáusticas anteriores, de Polígnoto de Tasos, Nicanor y Arcesilao de Paros. Y seguramente Lisipo también usó esta técnica, así como otros autores. Es decir, que el origen podría estar en el siglo V a.C., y diversos artistas continuaron este trabajo en el siglo IV y con posterioridad. Por cierto que Plinio habla de varias formas de trabajar con la encáustica, una aplicando la cera pigmentada con una paleta caliente, otra grabando sobre marfil con un buril en caliente y llenando el grabado con cera pigmentada mediante un objeto puntiagudo, y una tercera calentando las ceras coloreadas y disueltas en nafta al fuego y aplicándolas con un pincel o brocha. El primer método se emplearía para paneles o murales (retratos, escenas mitológicas, etc.), el segundo para objetos similares a figurillas y camafeos, y el tercero para aplicar sobre la superficie exterior del casco de un barco. En este último caso, la utilidad debía ser también la impermeabilización de las juntas de los cascos pero, además, las pinturas no se deterioraban ni por el sol, ni por el agua ni por el viento.

En todo caso es probable que la encáustica se emplease ya, incluso, en el siglo VI a.C., y no sólo para producir pintura “de caballete” sino también para decoración escultórica (gánosis, sobre piedra y terracota) y arquitectónica, como seguirá sucediendo después.

Esta forma de trabajar, de ejecución lenta pero muy valorada dentro de las artes durante la Antigüedad, se extendió por el Egipto helenístico, Roma y el arte bizantino, especialmente el cristiano-bizantino. Por cierto que hay una polémica acerca de si se utilizó encáustica para realizar pintura mural romana, por ejemplo en Pompeya, pero parece ser que no fue así, y que la cera se empleó en este caso no como aglutinante para los colores sino, en ocasiones, como capa superficial de protección de la obra acabada, como un sellado.

El principal conjunto de pinturas a la encáustica que ha sobrevivido hasta hoy procede de El Fayum (en Egipto, al sur de El Cairo), sobre todo de Hawara, Er-Rubayyat y Antinoópolis, tratándose de obras mayoritariamente sobre tabla de excelente calidad que pueden datarse, principalmente, en los siglos I a III d.C. Son retratos naturalistas que siguen la tradición griega, realizados algunos en vida del retratado y otros post mortem, producidos ya en época de dominio romano, representaciones de difuntos que se colocaban sobre sus cuerpos momificados (evidente sincretismo cultural grecorromano-egipcio). Se trata, pues, de elaboraciones con propósito conmemorativo.

La encáustica, que perduró en la tradición local de la iconografía copta en Egipto, siguió utilizándose en época bizantina, en el arte religioso, tanto en los monasterios como para fabricar iconos portátiles pintados sobre paneles de madera. La principal colección de este tipo de trabajos, tanto pinturas sobre pared como iconos, se encuentra en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí, fundado en el siglo VI por Justiniano.

Mientras en occidente, a partir del siglo VII y durante la Edad Media, se dejó de utilizar la encáustica sustituyéndola por la pintura al temple o témpera, más rápida, fácil y barata, en la Europa oriental ortodoxa se continuó pintando al encausto, en Rusia por ejemplo, con pujantes escuelas artísticas en Nóvgorod o Moscú. Sus producciones llegaron hasta el siglo XVI o, quizá, incluso al siglo siguiente.

Aunque con mucha controversia acerca del seguimiento de la técnica original y, de hecho, utilizando procedimientos surgidos de la experimentación personal, modernamente también ha habido producciones artísticas en esta línea metódica, entre las que se suelen citar algunas de Eugène Delacroix, Vincent van Gogh o Julius Schnorr von Carolsfeld en el siglo XIX, quienes mezclaban cera con los pigmentos al óleo para facilitar su trabajo y, especialmente, la separación de áreas cromáticas. Ya en el siglo XX tenemos, por ejemplo, los murales mejicanos de Diego Rivera o las obras de los estadounidenses Karl Zerbe y Jasper Johns, considerado éste último como predecesor o uno de los fundadores del Pop Art.

En la actualidad hay artistas que utilizan una encáustica, generalmente, bastante heterodoxa, que no se ajusta a la fórmula original que empleaba cera de abejas y resina de damar (que endurece la cera para que resista los arañazos) o similar, y que trabajan con parafina, microcristalino y ceras de carnauba y candelilla.

En cuanto a investigadores y artistas españoles que han seguido esta técnica, no siempre de forma ortodoxa, podemos mencionar al aragonés abate Vicente Requeno (1743-1811) que investigó el método clásico de la encáustica desechando la utilización de métodos químicos modernos. Al artista hispano-cubano residente en La Gomera José Aguiar (1895-1976), que utilizó la encáustica en grandes composiciones, al almeriense Jesús de Perceval (1915-1985), autor de encáusticas sobre tabla y lienzo, y al zaragozano José Antonio Requena Nozal (hasta su cambio de estilo y técnica en 2002), entre otros.

Encáusticas procedentes de Solunto (Sicilia), siglo I a.C.:

Encaustica 1
Encaustica 2

San Pedro, icono en encáustica procedente del monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí, siglo VI-VII:

Encaustica 3

Virgen con el Niño, monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí, siglo VI-VII:

Encaustica 4

Cristo Pantocrátor, monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí, siglo VI-VII:

Encaustica 5

Icono de Nuestra Señora, siglo VI, Ucrania:

Encaustica 6

Retratos de El Fayum colocados en su momia:

Encaustica 7
Encaustica 8

Retratos de El Fayum:

Encaustica 9
Encaustica 10
Encaustica 11
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Encaustica 14
Encaustica 15
Encaustica 16
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Encaustica 18
Encaustica 19

“Piedad” de Eugène Delacroix, c.1850. Óleo con cera de abeja:

Encaustica 20

“Muerte de Sigfrido” de Julius Schnorr von Carolsfeld, pintura mural para el Salón de los Nibelungos, Residencia Munich, 1847:

Encaustica 21
Encaustica 22

“La Creación” de Diego Rivera, encáustica y hoja de oro, Anfiteatro Bolívar (Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, Ciudad de Méjico), 1922-23:

Encaustica 23

“Church Street”, Charleston 1944, encáustica sobre lienzo de Karl Zerbe:

Encaustica 24

“Trapeze Artist”, encáustica sobre lienzo de Karl Zerbe:

Encaustica 25

“Tres Banderas” de Jasper Johns, encáustica sobre lienzo, 1958:

Encaustica 26

“Bandera”, de Jasper Johns, encáustica sobre papel sobre tela, 1960-66:

Encaustica 27

“Libro” de Jasper Johns, encáustica sobre libro y madera, 1957:

Encaustica 28

“Ángel Verde”  de Jasper Johns, encáustica y arena sobre tela, 1990:

Encaustica 29

José Aguiar, mural en el Salón Noble del Cabildo de Tenerife, encáustica sobre lienzo, 1960:

Encaustica 30

“Maternidad” de Jesús de Perceval, encáustica sobre tabla, 1973:

Encaustica 31

“Perfil” de Jesús de Perceval, encáustica sobre táblex, 1941:

Encaustica 32

“Autorretrato”, de Jesús de Perceval, encáustica sobre lienzo, 1950:

Encaustica 33

“Rostro de joven”, de Jesús de Perceval, encáustica sobre táblex, 1951:

Encaustica 34

“Casas”, de Jesús de Perceval, encáustica sobre tabla, 1957:

Encaustica 35

“Paisaje aéreo”, de Jesús de Perceval, óleo y encáustica sobre tabla, 1969:

Encaustica 36

“Paisaje I”, “Paisaje IV”, “Paisaje Valvanera” y “Rincón de Cameros”, respectivamente, encáusticas de Antonio Requena:

Encaustica 37
Encaustica 38
Encaustica 39
Encaustica 40

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Una respuesta a “Encáustica: la pintura milenaria

  1. en este caso que nos ocupa es cuando se hace realidad el dicho ,, EL TIEMPO TAMBIÉN PINTA

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